Los hechos no crean ninguna emoción en nosotros. Es lo que pensamos de los hechos lo que nos hace sentir una emoción. Para el mismo hecho podemos experimentar sentimientos negativos o positivos. La clave está en el pensamiento, en la interpretación que le demos a ese hecho en concreto.
Así, si nos sentimos mal es porque le damos una intrerpretación negativa a lo que hemos experimentado. Y lo que ocurre es que esa interpretación es a menudo errónea o exagerada. Y juega en nuestra contra.
Las interpretaciones suelen ser automáticas y son respuestas inmediatas según un patrón grabado previamente. El cerebro hace una valoración de lo que ha ocurrido y lo hace de forma inconsciente, sin que nosotros nos demos cuenta de que esa interpretación ha tenido lugar. Pero la regla para valorar los hechos la hemos puesto nosotros ahí, con nuestra experiencia. Es lo que constituye nuestro ego, nuestro carácter, nuestro sistema de creencias. Pero el patrón por el cual los hechos se valoran no tiene por qué ser el más acertado. Ni siquiera debe ser correcto. Está ahí, y para nosotros es lo más lógico, pero no tiene nada que ver con la lógica sino con nuestros valores, con nuestro bagaje.
Los comportamientos neuróticos tienen su origen en estas interpretaciones, en estos sistemas de valores. En estos automatismos. Si nos sentimos mal por un hecho es porque pensamos que lo que ha ocurrido es malo para nosotros. Porque lo pensamos, porque está en nuestra base de datos. No es que ese hecho sea algo malo, sino que nos decimos a nosotros mismos que lo es. Y si esto nos ocurre muy a menudo, seguramente es porque nuestro sistema de creencias no está afinado del todo. Es demasiado susceptible. Es un sistema de creencias que choca en exceso con la realidad. En definitiva, no es realista. Para nosotros, la realidad debería ser de otra manera. Pero la realidad es la que es.
Y en la mayoría de los casos, nosotros no podemos hacer nada al respecto. Esta diferencia entre nuestro mundo ideal ( nuestras creencias ) y el mundo real es lo que nos hace sufrir, puesto que, cuando algo sucede en la realidad y no coincide con lo que pensamos que debe ser, lo interpretamos como algo negativo y experimentamos un sentimiento desagradable.
No hay comentarios:
Publicar un comentario