En el artículo anterior hablábamos de cómo nuestra cultura
nos ha inculcado la idea de que tener una pareja es básico para tener
una vida feliz. Éste es uno de los motivos por los cuales nos sentimos
infelices cuando no tenemos una persona a nuestro lado. Pero, como en
muchos desórdenes psicológicos, la falta de autoestima es la raíz del
problema. En esta segunda parte descubriremos por qué.
Lo hemos visto en innumerables ocasiones. Es una especie de síndrome
del solterón: “no tengo a alguien que me quiera”. La idea subyacente
es “no soy lo suficiente bueno, para ser querido por alguien”, “no valgo
la pena”. Ahí está el problema. Si no tenemos una pareja, no valemos
lo suficiente; nadie nos considera suficientemente importantes o
interesantes como para sentirse atraído por nosotros y amarnos.
Conclusión: si nadie me quiere, no valgo nada o no valgo lo suficiente.
De nuevo, el origen del problema está en la educación
que hemos recibido. Los padres son aquéllos que nos han educado y nos
han enseñado a querernos a nosotros mismos. Pero nuestros padres nos
han enseñado lo que ellos mismos también aprendieron. Es decir, se
podría decir que quien nos ha formado la idea del valor que tenemos como
persona, es la propia sociedad, la cultura. Es cierto
que la labor de los padres es esencial, pero si no hemos tenido unos
padres con gran autoestima, quien nos ha inculcado el amor por nosotros
mismos, ésa ha sido la cultura.
Por tanto, cuando nos sentimos mal porque no tenemos pareja y nos
lanzamos a su búsqueda, realmente estamos buscando a alguien que nos
haga sentir que somos importantes como personas, que valemos. De ahí la
falta de autoestima. Cuando una persona está falta de
autoestima, siente que su valor como persona es bajo, y se compara con
los demás, dándose cuenta de que los demás son mejores que él. No se
quiere, no se siente valioso. Pero, si alguien le mostrara que en
realidad sí es importante, se sentiría mucho mejor y más seguro de sí
mismo.
Así es, cuando alguien da su opinión sobre nosotros, esta persona tiene la razón,
por defecto. Esto es lo que nos han enseñado, totalmente erróneo, por
cierto. Si no, ¿por qué nos sentimos mal cuando nos insultan y bien
cuando nos halagan? Así, si alguien nos quiere, somos queribles,
tenemos valor.
Por tanto, debemos aprender que la opinión de los demás es simplemente una opinión más,
que nada tiene que ver con nosotros. En siguientes artículos
profundizaremos más en este aspecto clave en la construcción de una
autoestima a prueba de bombas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario