martes, 21 de febrero de 2017

Necesito pareja para ser feliz? Parte II

En el artículo anterior hablábamos de cómo nuestra cultura nos ha inculcado la idea de que tener una pareja es básico para tener una vida feliz.  Éste es uno de los motivos por los cuales nos sentimos infelices cuando no tenemos una persona a nuestro lado.  Pero, como en muchos desórdenes psicológicos, la falta de autoestima es la raíz del problema.  En esta segunda parte descubriremos por qué.



Lo hemos visto en innumerables ocasiones.  Es una especie de síndrome del solterón: “no tengo a alguien que me quiera”.  La idea subyacente es “no soy lo suficiente bueno, para ser querido por alguien”, “no valgo la pena”.  Ahí está el problema.  Si no tenemos una pareja, no valemos lo suficiente; nadie nos considera suficientemente importantes o interesantes como para sentirse atraído por nosotros y amarnos.  Conclusión: si nadie me quiere, no valgo nada o no valgo lo suficiente.

De nuevo, el origen del problema está en la educación que hemos recibido.  Los padres son aquéllos que nos han educado y nos han enseñado a querernos a nosotros mismos.  Pero nuestros padres nos han enseñado lo que ellos mismos también aprendieron.  Es decir, se podría decir que quien nos ha formado la idea del valor que tenemos como persona, es la propia sociedad, la cultura.  Es cierto que la labor de los padres es esencial, pero si no hemos tenido unos padres con gran autoestima, quien nos ha inculcado el amor por nosotros mismos, ésa ha sido la cultura.

Por tanto, cuando nos sentimos mal porque no tenemos pareja y nos lanzamos a su búsqueda, realmente estamos buscando a alguien que nos haga sentir que somos importantes como personas, que valemos.  De ahí la falta de autoestima.  Cuando una persona está falta de autoestima, siente que su valor como persona es bajo, y se compara con los demás, dándose cuenta de que los demás son mejores que él.  No se quiere, no se siente valioso.  Pero, si alguien le mostrara que en realidad sí es importante, se sentiría mucho mejor y más seguro de sí mismo.

Así es, cuando alguien da su opinión sobre nosotros, esta persona tiene la razón, por defecto.  Esto es lo que nos han enseñado, totalmente erróneo, por cierto.  Si no, ¿por qué nos sentimos mal cuando nos insultan y bien cuando nos halagan?  Así, si alguien nos quiere, somos queribles, tenemos valor.

Por tanto, debemos aprender que la opinión de los demás es simplemente una opinión más, que nada tiene que ver con nosotros.  En siguientes artículos profundizaremos más en este aspecto clave en la construcción de una autoestima a prueba de bombas.

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