martes, 21 de febrero de 2017
Me afecta mucho lo que piensan los demás
Éste es uno de los motivos por los cuales nos sentimos mal a menudo. Nos preocupa mucho lo que la gente pueda pensar de nosotros: el qué dirán. ¿Pero realmente es tan importante lo que las otras personas piensan de nosotros? ¿Y si tal vez tuviéramos que centrarnos más en nosotros mismos?
Efectivamente, lo que los demás piensan de nosotros nos afecta directamente. Si alguien nos dice algo bueno acerca de nosotros, sentimos inmediatamente una emoción positiva. Lo contrario también funciona. Pero claro, lo que nos preocupa es el caso de que nos digan algo malo puesto que es eso lo que nos hace sentir mal.
De nuevo nos tenemos que remontar a nuestra infancia. Durante la época en que somos niños, aprendemos la mayoría de las reglas de la vida. Y las mantenemos hasta que morimos o, si tenemos la suerte de darnos cuenta, hasta que logramos cambiarlas con considerable esfuerzo. Una de las cosas que aprendemos es que la opinión de los demás sobre nuestra persona es la realidad, la verdad. Si alguien dice, piensa o insinúa algo sobre nosotros mismos, está en lo cierto. Incluso lo que imaginamos que otra persona piensa de nosotros, también es verdad. Y claro, puesto que la opinión sobre nosotros está íntimamente ligada a la idea de nuestro valor personal, cualquier opinión vertida sobre nosotros, nos crea instantáneamente una reacción emocional. Inmediatamente, nuestro cerebro, partiendo de la base de que toda opinión ajena sobre nosotros es verdad, crea una emoción a partir de una opinión.
Y no es verdad. Lo hemos aprendido, pero no es verdad. Tenemos en la mente demasiadas creencias que son falsas y nos hacen daño. La opinión de los demás sobre nosotros no es la realidad. La opinión que tiene una persona o varias sobre mí, es simplemente eso, una opinión. Incluso un gusto. Cada persona tiene una opinión diferente sobre mí. ¿Con cuál me quedo? Es absurdo. Ni siquiera si las opiniones de varias personas coinciden, tampoco en este caso serán ciertas, tampoco en este caso dejarán de ser meras opiniones.
Y todavía más. La opinión que alguien puede tener sobre mí, es algo que tiene más que ver con su manera de ver las cosas, y de sus gustos, que conmigo. La opinión de alguien sobre mí le pertenece a esa persona y es ajena a mí. Le pertenece a ella. Su opinión no dice nada de mí sino que expresa cómo es la persona que emite el juicio.
Por tanto, no debemos dejar que las opiniones que otras personas puedan tener de mí, nos afecten. No les debemos dar ninguna validez. Se trata, simplemente, de opiniones. Si alguien nos dijera: “mi color favorito es el rojo”, y el mío fuera el verde, ¿me sentiría mal? Por supuesto que no; es su gusto, su opinión. Pues el mismo razonamiento debemos seguir cuando nos dicen cosas hirientes sobre nuestra persona. Una opinión es una opinión.
Para terminar, te animo a que leas este cuento "El valor del anillo" escrito por Jorge Bucay. Leer cuentos, muchas veces, nos hace entender mejor las cosas porque llegan directamente a nuestro cerebro emocional.
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